Hablillas

Malasanta

Es una novela viva e intensa, porque trata en profundidad una realidad cruda, descarnada, sin buenismo, escarbando en la tristeza para paliar la nostalgia

Publicado: 31/07/2022 ·
13:17
· Actualizado: 31/07/2022 · 13:18
Autor

Adelaida Bordés Benítez

Adelaida Bordés es académica de San Romualdo. Miembro de las tertulias Río Arillo y Rayuela. Escribe en Pléyade y Speculum

Hablillas

Hablillas, según palabras de la propia autora,

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Con este nombre mitad diabólico mitad bendito titula Antonio Tocornal su novela galardonada con el premio Felipe Trigo en su convocatoria XLI. Al leerlo retumba tanto como si se pronunciara en voz alta, dejando abierta una grieta en el silencio del lector por donde se cuela la curiosidad a fogonazos. Es el momento inicial, el de la magia desplegando una red de renglones atrapantes, donde los ojos se enredan mucho más allá del punto final, porque al lector le cuesta poner el suyo.

Antonio Tocornal nos escribe una historia de ficción con ese fondo de certeza que araña hasta escocer. Nos muestra el lado de la realidad silenciada a menudo por pudor o miedo a través de la vida de Malasanta, hija de una prostituta portuguesa, que crece en el burdel donde trabaja su madre, una niña que vive una infancia sin saber de esa otra con niños y juegos, que crece como mujer sin poder elegir porque no tiene opción.

Es una novela viva e intensa, porque trata en profundidad una realidad cruda, descarnada, sin buenismo, escarbando en la tristeza para paliar la nostalgia, encarando el miedo para aceptarlo con resignación, distanciando el asombro de la incomodidad, emociones narradas con un estilo muy ágil que nos hacen querer a la protagonista y detestar a los antagonistas que se mueven por una atmósfera oscura, sórdida, narrada con tal cercanía como para poder percibir el roce leve de la ternura, acunada por la lírica y unas gotas de humor que equilibran esta historia donde los personajes se mueven libremente dejándose oír, donde Malasanta es la protagonista y quien los acompaña por las etapas que ellos abren y cierran, etapas de una misma vida, independientes pero eslabonadas al dolor manteniéndonos interesados hasta el final. En una de las reseñas publicadas en Internet se dice que estos personajes podrían haber sido protagonistas de una película de Berlanga. Es posible, sin embargo lo catastrófico, como subraya, está en la fobia, en la intolerancia, en la pérdida, en la búsqueda solapada de la libertad apenas Malasanta va usando la razón.

Estamos ante un trabajo difícil, alejado de lo comercial y sin embargo avalado por un número de lecturas considerable. Un trabajo dinámico, enérgico, cuya fuerza narrativa es arrolladora de principio a fin y además motiva a recrearse en los párrafos, en esa frase que define una imagen haciéndonos volver a ella. La portada es el cebo, un pez color candela, así lo llama la protagonista, cuya vida discurre trazando círculos, como la de Malasanta. Una novela donde la curiosidad devorante de su lectura crece en cada renglón, por tanto, al lector le resulta muy fácil dejarse llevar. Enhorabuena, Antonio.

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