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Parece que a día de hoy el futuro de los coches ya pertenece a Silicon Valley. Compañías tecnológicas que poco tienen que ver con la industria automovilística tradicional están cogiendo las riendas para reinventar la forma de hacer coches, apostando por la sostenibilidad y la inteligencia artificial. Nos referimos empresas tan conocidas como Tesla, Apple, Google o Uber. ¿Pero, están los coches sin conductor a la vuelta de la esquina? No exactamente.

De las plantas de manufactura expulsando un coche tras otro y los mecánicos manchados de grasa hemos pasado a despachos invadidos por ingenieros avanzados delante de ordenadores de última generación que velan por sacar un modelo al mercado que sea capaz de conducirse a sí mismo.

Gracias a la aplicación de la Inteligencia Artificial en la conducción podemos hablar de la posibilidad de que existan los coches autónomos. Quien acuñó el término por primera vez fue John McCarthy, en el año 1956, en la Dartmouth Artificial Intelligence (AI) Conference. McCarthy reunió a investigadores de campos muy diversos para establecer que la inteligencia artificial se basaría en la conjetura de que cualquier aspecto del aprendizaje o la inteligencia puede describirse de una forma tan exacta que se puede conseguir que una máquina lo simule. Así pues, la Inteligencia Artificial no es ni más ni menos que el hecho de que las máquinas pueden llegar a imitar la inteligencia humana.

Google con su proyecto Waymo – queda claro que el gigante busca ampliar horizontes, más allá de su principal fuente de ingresos, la plataforma de Google Ads – y Uber con sus Volvos sin conductor ya han puesto a prueba sus prototipos de coche autónomo sobre el asfalto, aunque sin demasiado éxito. Sus sistemas aún no son lo bastante buenos como para que los coches puedan reaccionar con seguridad y la complejidad de la recolección de datos sobre la zona que necesitan para circular hace que sus limitaciones sean más que evidentes – tan solo 3 ciudades estadounidenses han tenido el privilegio de ofrecer viajes en estos supuestos coches autónomos.

Por el momento, la tendencia gira en torno a las funcionalidades de asistencia a la conducción, es decir mecanismos que permiten que el coche se mantenga en el carril o llegue a frenar a tiempo para evitar colisiones sin necesidad de pisar el freno. Aún así, solo algunos coches de lujo integran estas funcionalidades, también conocidos como coches semiautónomos, y parece que aún están lejos de permitirnos despegar las manos del volante.

Los resultados del último test de coches semiautónomos del Insurance Institute for Highway Safety (IIHS) fueron noticia el jueves pasado. Se pusieron a prueba modelos de Tesla, Volvo, BMW y Mercedes que incluyen tecnologías de asistencia a la conducción. ¿La conclusión del test? Aún no hay ningún sistema que pueda sustituir a un conductor humano, por lo que, cualquiera que posea un coche de estas características, más vale que agarre fuerte el volante.

Aunque estas compañías invierten fuertemente en I+D con el objetivo de crear un coche que llegue a la máxima autonomía, que corresponde al nivel 5 según la escala de autonomía SAE Internacional, por ahora, todos los modelos testados han sido calificados con el nivel 2.

El futuro de los coches sigue hirviendo en Silicon Valley, aunque parece que la cocción tardará más de lo que esperábamos en llegar a su punto óptimo. Aún es pronto para imaginar que podremos llegar a despreocuparnos del volante. Esperamos poder ver dentro de unos años quién se lleva el pastel por sacar al mercado el primer coche autónomo de nivel 5 SAE. Por el momento, todos los dedos apuntan a Tesla.