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El Silicon Valley está volviendo a las raíces y esto es noticia. En el año 2010, con sólo una presentación en PowerPoint se llegaba a valorar una empresa, es decir una presentación en PowerPoint, en más de 5M de dólares. Foursquare, la empresa líder en directorios de internet, certificó que la burbuja había explotado cuando logró recaudar sólo la mitad de lo que se esperaba allá por Enero del 2016. Ya no había inversor que recibiera a nadie a menos que pudiera demostrar un crecimiento sostenido durante al menos 6 meses. Se habían acabado las presentaciones en PowerPoint, ahora había que crear algo que la gente quisiera comprar. Ahora había que demostrar la valoración antes de conseguirla. Y había que hacerlo sin necesitar financiación en la etapa inicial.

Sólo las startups cuyos fundadores fueran capaces de programar, diseñar, vender, escribir, hacer de relaciones públicas, anunciar su empresa en Google sin necesidad de inversión externa serían capaces de sobrevivir. Aquellas startups cuyos fundadores no fueran capaces de construir su propia empresa simplemente tenían que buscar trabajo en otra.

A esto se le ha dado a conocer con el rimbombante nombre de bootstrapping. Es decir, cuando creces sin financiación externa, sin inversiones, ni préstamos ni créditos. El bootstrapping ha sido prácticamente la única manera de crear una empresa desde entonces – exceptuando si ésta pertenece a la categoría de Hardware, en cuyo caso hay aceleradoras que sirven de impulso inicial para financiar los prototipos imprescindibles que necesita este tipo de empresa.

El bootstrapping aparece, por consiguiente, en el léxico popular a partir de este 2016 cuando la burbuja de la financiación explota. Al principio no estaba bien visto, no era una buena palabra – había resistencia a pensar que si una idea era buena, no contara con alguien que quisiera invertir en ella. Si no se quería invertir en una idea, era porque ésta no era buena. El bootstrapping ha tenido que vencer las resistencias durante los últimos años y ha tenido que superar los prejuicios del Valley.

Lo que se está descubriendo últimamente en las conversaciones que tienen lugar en los fireside chats es que el bootstrapping de hecho no es nada nuevo. Bootstrapping no es más que un regreso a las raíces. Bill Gates, Jeff Bezos, Larry Page y Sergey Brin, Steve Jobs, etc – todos ellos crearon sus empresas desde un garaje y crecieron a medida que lo hacía la demanda de sus productos. La burbuja de financiación creada a finales de la primera década del 2000 demostró ser un camino erróneo – no un atajo. No se podía, ni se puede, asociar la filosofía startup con una presentación de PowerPoint. No se podía, ni se puede valorar una presentación de PowerPoint en más de 5M de dólares. El ecosistema startup está endémicamente ligado al bootstrapping, a hacerlo uno mismo, con sus propias herramientas y conocimientos y crecer a medida que lo hace la demanda. El Silicon Valley empieza en los garajes de los fundadores y en los garajes ha de seguir empezando.

Arítculo realizado por Danny Sánchez Mola, CEO y Fundador de Kolau