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Los padres de jóvenes andaluces y extranjeros que viven en la comunidad autónoma comparten su preocupación «digital» por Youtube, la aplicación de telefonía gratuita Whatsapp y Fortnite, que incluso ha hecho que niños se autoexpulsen del colegio para dedicarse a este juego.

Así lo ha explicado Rafael Alcoholado, perito judicial tecnológico y técnico gestor en Andalucía Compromiso Digital, un proyecto de la Consejería de Economía, Conocimiento, Empresa y Universidad de la Junta de Andalucía, durante la presentación de un estudio sobre la brecha digital en la región.

«Hay niños que fuerzan su exclusión de los centros escolares para jugar al Fortnite», señala el especialista, quien recuerda que los videojuegos actualmente «no son un pasatiempo», sino que «están diseñados por psicólogos para captar la atención» de los potenciales usuarios, muchos de ellos menores de edad.

A finales de 2018, por ejemplo, el colegio malagueño El Limonar envió una circular a los padres de alumnos, que luego se extendió a otros centros escolares a través grupos de Whatsapp, para alertarles de que Fortnite estaba provocando «un deterioro significativo en el rendimiento académico, la capacidad de autocontrol y las relaciones con sus iguales» de muchos jóvenes.

«No es lo mismo un pasatiempo que el ensimismamiento delante de una pantalla», avisa Alcoholado.

Youtube es otra de las fuentes de preocupación para los padres y las madres andaluzas porque «hay muchos vídeos que nadie comprueba» antes de que se suban a Internet, donde cualquier persona tiene acceso a ellos, según Alcoholado, quien pone el ejemplo de un tutorial para hacer jabón que incluye materiales peligrosos con los que «se puede armar un pitote importante en casa».

Existen, además, multitud de «riesgos tecnológicos» para los menores, como los retos virales, que por ejemplo llevaron a un niño «a grabar al padre mientras conducía con los ojos tapados», o los «castigos tecnológicos», como quitar el móvil o el videojuego al menor, con lo que «se hace público el castigo y eso convierte al chaval en objeto de mofa».

La inquietud paternal trasciende la infancia de sus hijos, ya que incluso cuando son mayores de edad siguen sin desarrollar una «competencia digital» sólida.

«Dimos una charla en la facultad de Ciencias de la Educación y los chicos estaban pegados al móvil pero eran incapaces de resolver los problemas que les planteábamos», relata Alcoholado, quien asevera que «una persona no es competente digitalmente sólo por estar inmersa en las nuevas tecnologías».