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El nombre de Carlos Rodríguez Santiago, conocido como Ocelote en el mundo de los videojuegos, tiene que ver con el crecimiento que han tenido los llamados eSports en los últimos años.

En ello, Ocelote ha tenido un papel importante, primero como jugador con sus éxitos ante todo en Liga de Leyendas, y luego como gestor y empresario con su equipo G2- con sede en Berlín- que ha logrado entrar en la elite mundial además de generar importantes ingresos

«Al principio sólo pensaba e divertirme y en competir», dijo el madrileño a EFE en una conversación telefónica cuando se le preguntó por sus comienzos como jugador.

Le gustaba jugar a tenis o al fútbol, pero cada vez que quería jugar esos dos deportes tenían que buscar un competidor.

«Teníamos que ser al menos dos personas para jugar al tenis y 14 para jugar al menos al fútbol 7. Por eso fue maravilloso cuando me di cuenta que con dos ‘clics’ podía entrar en una competición contra rivales de todas partes del mundo»

El chico que jugaba a los videojuegos por diversión terminó convirtiéndose en profesional, y en uno de los mejores jugadores del mundo -sus ingresos anuales en su época activa estaban por encima del medio millón de dólares- en un proceso en que hubo una mezcla de suerte y de esfuerzo.

«Tienes que aprovechar la suerte que tienes. Para ganar necesitar suerte pero cuando la oportunidad aparece tienes que aprovecharla», explicó antes de entrar a contar una de las experiencias claves de su carrera.

«Cuando empecé a ser bueno me encontré en un torneo digital con un gran jugador que ya tenía mucha fama, Le dije que tenía que meterme en su equipo. El me preguntó naturalmente que quien era yo», recuerda Ocelote.

Cuando llegó la oportunidad de jugar contra él Ocelote jugo, según dice, «el mejor partido de su vida». «La suerte aparece y hay que aprovecharla, le gané», explica.

Ocelote, hoy un consejero delegado de una empresa que cotiza cientos de miles de euros al año, considera que lo que él aprendió como jugador es algo que le sigue sirviendo como empresario.

Lo importante, según él, es tener la actitud correcta en los momentos definitivos para no fallar y él el cree que eso es algo que ocurre tanto en los videojuegos como en los deportes tradicionales y en el mundo de los negocios.

La sangre fría que se necesita para el lanzamiento decisivo en el último segundo de un partido de baloncesto o para lanzar el último penalti de una tanda en una final de fútbol es algo que muchas veces también se requiere en determinados momentos en la vida empresarial.

A Ocelote, dice, lo tiene sin cuidado acerca de si realmente los E Sports se pueden considerar un deporte. «Que se llamen deportes electrónicos o videojuegos es algo que me importa poco, lo que importa es que entretengan a la gente», dice.

En todo caso, como en los deportes tradicionales, los que quieren llegar lejos en el mundo de los videojuegos también necesitan entrenamiento.

«Los jugadores profesionales entrenan doce horas al día, lo que no hace ningún jugador de fútbol porque no es recomendable físicamente», explica.

Entre las cosas claves que se entrenan está la coordinación entre el ojo y la mano y la así llamada memoria muscular.

Además, Ocelote recomienda «ver a los mejores del mundo e imponerse metas en el entrenamiento».

«Hay metas de la semana, del mes y del año. Por ejemplo en un juego determinado como meta inmediata puedo ponerme en no dejarme matar tontamente y del año mejorar en determinados aspectos», dijo..

Lo mismo que en los deportes tradicionales, en los videojuegos llega un momento en que la edad empieza a pasar factura.

«Llega un momento en que tu juego y los reflejos empeoran o dejan de mejorar y ahí es cuando y ahí es cuando los chavales que vienen sin miedo y con genes para ser mejores llegan y te revientan», dice Ocelote.

En ese momento es cuando el papel del jugador cambia y, cuando se juegan juegos de equipo como Liga de Leyendas, pasa a asumir el papel de estratega y más tarde termina pasando a otro ámbito, al del gestor de un equipo como hace ahora Ocelote con G2.