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Proyecto Hombre Sevilla cumple tres décadas en su incansable lucha por dar solución a la problemática de las adicciones, las cuales han ido evolucionando al mismo ritmo que lo ha hecho la sociedad. Hoy en día, son los adolescentes los nuevos ‘yonquis’ y las pantallas una de las ‘drogas’ más adictivas.

«Chicos que tienen los mismos síntomas que le pueden provocar algunas sustancias, pero no las toman, tienen un enganche a las redes sociales, a los videojuegos, juegos de rol, en general a las pantallas», advierte Francisco Herrera del Pueyo, presidente de Proyecto Hombre Sevilla.

TREINTA AÑOS DE LUCHA

En los años 80 y finales de los 90 la población española se acostumbró a ver las calles de las ciudades repletas de personas consumiendo, jeringuillas tiradas, los yonquis deambulaban buscando su dosis de heroína, una droga que ha destrozado millones de vidas por todo el mundo y por la que nació Proyecto Hombre.

Según Herrera del Pueyo, “por cuestiones geopolíticas”, la heroína poco a poco va desapareciendo y dejando paso a la cocaína, una droga cuyo silencio crítico hace que el perfil del consumidor evolucione, “pasamos inmediatamente de aquellos chicos que estaban tirados con signos de marginalidad, con peligro de muerte incluso, a gente que ha mantenido el trabajo y que en muchas ocasiones tienen una buena imagen social”.

Hoy, Día Internacional contra la droga, el presidente de Proyecto Hombre en Sevilla, en una entrevista con efe, cuenta que uno de los cambios más importantes que han sucedido en este ámbito ha sido la evolución del tipo de usuario.

Los jóvenes adolescentes, “una población que era impensable que cayera en el mundo de las adicciones”, ocupan un porcentaje muy importante en el centro, donde la adicción al cannabis y a las pantallas suele ser el principal motivo.

El centro Proyecto Hombre de Sevilla cuenta actualmente con unos 46 trabajadores la mayoría de ellos psicólogos, trabajadores sociales y voluntarios cuyas funciones son indispensables para poder ofrecer unos buenos programas terapéuticos a los casi 350 usuarios repartidos entre ambulatorios, residenciales y pisos (para aquellos que no tienen familia).

Una adicción es una enfermedad física y psicoemocional, a pesar de que muchas personas lo sigan considerando como un ‘vicio’; este padecimiento, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación y está caracterizado por un conjunto de signos y síntomas, en los que se involucran factores biológicos, genéticos, psicológicos y sociales.

Proyecto Hombre, dependiendo del tipo de usuario y según la adicción que posea, ofrece una serie de programas o itinerarios terapéuticos que van desde los destinados a los más jóvenes hasta los enfocados a personas con una patología dual -adición y trastorno mental-, pasando por los programas trasversales dirigidos a mejorar la red socio familiar; en total son ocho los programas con los que trabajan en el centro.

Con tan solo 18 años Francisco, usuario del centro, comenzó ‘picoteando’ poco a poco con el alcohol, el cannabis y la cocaína hasta el punto de ser consciente de que estaba sumergido en un grave problema en el que sus adicciones le hicieron aislarse, perder el trabajo y dejar de disfrutar. Sin embargo, gracias a sus familia y amigos decidió pedir ayuda e ingresar en Proyecto Hombre.

«Con el proyecto joven me quité del cannabis, me sirvió y me quité, pero con la cocaína me faltaba un empuje más gordo por lo que entré en el programa tradicional, en el programa grande porque mi problema cada vez iba a más», explica.

Ésta es la segunda vez que Francisco ingresa voluntariamente en Proyecto Hombre: «he sido consciente que no hice el programa como debería haberlo hecho y como no vuelvas aquí yo sé que el problema va a ir cada vez a peor, y aquí estoy otra vez, afrontando la vida y que de esto se sale, que yo he visto a compañeros míos que salen».

“Yo lo que le digo a los chavales es que no prueben la droga, que no picoteen por diversión, o por lo que sea, por cualquier problema que tengan, pero que si lo prueban y ya se ven cogidos, lo mejor es acudir aquí”, aconseja Francisco.

Jesús, ha decidido dar el paso y entrar en Proyecto Hombre tras haber sido consciente de su problema, a pesar de que lleva solo unos meses ya ha notado el progreso y cuenta con orgullo que su decisión ha supuesto «un cambio total de los hábitos de vida, de relacionarme y gestionar todas las cosas que me han pasado, que me pasan y que me van a pasar».

La convivencia diaria en el centro hace que se creen lazos entre los usuarios, además de los diferentes proyectos las terapias grupales, las charlas en el patio, los juegos entre ellos y las conversaciones que cada uno tiene con los compañeros forma parte del cambio de este colectivo.

«Aquí se aprende a gestionar todo eso que no hemos sabido gestionar fuera, aprendemos a relacionarnos de una manera sana ya que venimos a desvincularnos, no solo del consumo, sino de todos aquellos hábitos de comportamiento a la hora de relacionarnos incluso en nuestro mecanismo a la hora de pensar, porque todo eso aquí uno mismo se lo cuestiona a través de las relaciones con los compañeros», confiesa Jesús.

UN MUNDO COMPLICADO PARA LAS MUJERES

La mayor parte de los usuarios son y han sido varones; al igual que en otros ámbitos, la mujer dependiente lo tiene más complicado a la hora de dar el paso y afrontar su problema ya que «hay menos mujeres en el mundo de las adicciones, pero también es verdad que las que hay quieren salir lo tienen muchísimo más difícil» debido al gran estigma social al que se encuentran sometidas, argumenta el presidente.

«Las mujeres socialmente están mucho más machacadas en todos sentidos» y «vienen obsesionadas con qué hago con mis hijos, me los han quitado, van a ir en adopción, eso es muy complicado. Son de una autoestima muy baja y tienen una visión muy negativa, a veces desmotivadas con razón porque han vivido, en muchas ocasiones, abusos y malos tratos», detalla Herrrera.

Habitualmente -explica- los varones acuden al centro acompañados por alguna mujer: «siempre encuentran una mujer que le eche una mano, si no es una madre, una esposa, una novia, una amiga, una hermana que lo ayuda, lo empuja, lo acerca y se lo lleva», a diferencia de una mujer que en pocas ocasiones logra el apoyo de un hombre e incluso de otra mujer.

De cara al futuro Francisco Herrera lo tiene claro; a Proyecto Hombre le queda aún mucho camino que andar. Hoy «con seguridad hay más drogodependientes que antes, que en los famosos años 80 y años 90, ahora el perfil es muy sensible con el tema de los adolescentes y como tiene ese silencio que no es tan a la cara y no crea tanta alarma, la gente se cree que ya no es problema de droga».